Menos del 15% de los embarazos por fertilización asistida es múltiple

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Desde que en 1985 se logró el primer embarazo mediante fertilización asistida de la Argentina, no sólo se ha duplicado la tasa de éxito de este procedimiento que ayuda a parejas con dificultades para concebir, sino que también se ha reducido significativamente el riesgo de embarazo múltiple. Y si bien en el imaginario popular se sigue asociando fertilización in vitro con embarazo múltiple, hoy en más del 85% de los casos se gesta un solo bebé. Esto se debe a que lejos de transferir cuatro o cinco embriones, como era común en los años 80 y 90, hoy se transfieren sólo uno o dos, excepcionalmente tres, pero con una tasa de éxito mucho mayor.

“En los primeros tratamientos de fertilización asistida, el potencial de cada embrión para implantarse y establecer un embarazo era muy bajo, lo que obligaba a transferir múltiples embriones para tratar de incrementar la posibilidad de éxito, dando la posibilidad de que se produjeran embarazos múltiples inesperados”, explicó la Lic. Sabrina De Vincentiis, especialista en Embriología Clínica y Directora del Laboratorio de Embriología del centro de medicina reproductiva Seremas. Hoy es posible obtener tasas de embarazo altas –de entre el 40 y el 45%– a partir de un número menor de embriones transferidos, reduciendo así el riesgo de embarazo múltiple.

“El avance de los tratamientos de fertilización asistida resulta de un mejor conocimiento del metabolismo del embrión humano –agregó la Lic. De Vincentiis–. Esto permitió mejorar la formulación de los medios de cultivo y así pasar a medios llamados secuenciales, que tienen en cuenta las necesidades energéticas y nutricionales diferenciales de los embriones en las distintas etapas de su desarrollo durante el periodo de incubación en el laboratorio de embriología”. Seremas cuenta con tecnología de punta a nivel internacional que incrementa las posibilidades de que se implanten con éxito en el útero, al mismo tiempo que reduce al mínimo el riesgo de transferir embriones que porten alteraciones asociadas a enfermedades genéticas hereditarias.

Dentro del moderno equipamiento se destaca una estufa de última tecnología para el cultivo de óvulos y embriones. “Las estufas compartimentalizadas permiten mejorar las condiciones de cultivo y de temperatura de óvulos y embriones, mejorando así las tasas de éxito de los tratamientos de fertilización asistida”, explicó la especialista en Embriología Clínica. Otro equipamiento clave es la tecnología láser que se emplea hoy para el estudio genético de los embriones, previo a su transferencia. “El diagnóstico genético de los embriones permite en casos donde hay una indicación para el uso de esta técnica, aplicarla y así mejorar la tasa de implantación y embarazo, así como también evitar al máximo la transferencia de embriones con alteraciones genéticas”, agregó.

“Incluso se está empezando a incorporar un nuevo procedimiento que, a partir de una simple biopsia de endometrio, permite estudiar la expresión de cientos de genes para determinar el momento óptimo de la transferencia, aumentando así las tasas de éxito”, comentó el Dr. Santiago Brugo Olmedo, especialista en Medicina Reproductiva y Director Médico de Seremas.

Mejora continua

“La primera fecundación in vitro de la Argentina la hicimos en 1985. Le transferimos a la paciente siete embriones y tuvo mellizos. ¡Transferir siete embriones sería una locura en la actualidad!”, comentó el Dr. Brugo Olmedo, coautor de la primera fertilización asistida de la Argentina. “Entonces, la posibilidad de embarazo mediante la fecundación in vitro era de aproximadamente 20% por cada transferencia embrionaria. En la actualidad, es de entre el 40 y el 45%; es decir, más del doble”, completó.

El desarrollo de tecnologías como los medios de cultivo secuenciales y de medicamentos más efectivos para estimular los ovarios, junto con una mayor sofisticación de los catéteres que se utilizan para colocar los embriones en el útero, han permitido alcanzar una tasa de implantación exitosa a partir de un número menor de embriones transferidos, con menos riesgo de embarazo múltiple y de enfermedades genéticas. A eso se suman criterios más precisos de clasificación embrionaria que permiten tener un mayor pronóstico del potencial de implantación; protocolos de estimulación que mejoran la calidad de los óvulos que se obtienen; mejores métodos para procesar y seleccionar a los espermatozoides; el empleo de la ecografía como parte del procedimiento de la transferencia embrionaria; y la optimización de los protocolos de criopreservación de ovocitos y embriones.

“Incluso los estudios que hoy se le piden a la mujer que llega a la consulta por problemas de fertilidad, al tener en cuenta ahora aspectos como las enfermedades de la tiroides o los factores de coagulación alterados, permiten adoptar conductas diferentes para lograr el embarazo, corrigiendo primero estos temas médicos”, completó la Lic. De Vincentiis.

Criterios más racionales

Las altas tasas de éxito que ofrecen los actuales tratamientos de fertilización asistida han reducido en gran medida el número de embriones que se transfieren en cada procedimiento. Sin embargo, los actuales protocolos de transferencia contemplan en ciertos casos la transferencia de dos embriones (y excepcionalmente tres), y no uno solo. “La decisión nunca es arbitraria –explicó la Lic. De Vincentiis–. Hay que mirar toda la historia de la paciente, desde su pasado hasta su respuesta actual del ciclo en cuestión, para de manera conjunta tomar una decisión que potencie su posibilidad de embarazo pero reduzca al mínimo su chance de embarazo múltiple”.

En mujeres de hasta 35 años de edad, por ejemplo, el criterio actual es transferir dos embriones. Aún así, en cada caso en particular se toman en cuenta otros factores, como el número de óvulos obtenidos, la calidad de los embriones, su tasa de fertilización, si se trata de óvulos propios o donados (de mujeres menores de 30 años, muy fértiles), el número de intentos previos de la paciente, sus condiciones uterinas, si hay hijos nacidos previos (de la pareja actual o anterior), e incluso la realidad social de quienes se acercan a la consulta.

“Si bien hay muchas mujeres menores de 35 que realizan un tratamiento, no es lo mismo aquella que ya tiene un hijo que aquella que nunca fue mamá, que está en su tercer intento, que genera pocos óvulos y que fertilizan pobremente, o que forma embriones de calidad comprometida. En estos casos, incluso se puede llegar a plantear transferir, si es que se obtienen, tres embriones –explica la especialista–. Por otro lado, en el caso de una mujer joven que nunca fue mamá, pero cuya respuesta a la estimulación es normal, y en la que el factor que determina la necesidad de tratamiento es la ausencia de espermatozoides de su marido en el eyaculado, se debe ser cautos y transferir sólo uno o dos embriones”.

La Lic. De Vincentiis señala que hay mujeres en donde la decisión se debe a que la realidad familiar (por ejemplo, el ya tener hijos) hace que decidan sólo transferir un embrión por temor a tener un embarazo múltiple. “Algo similar ocurre en los casos de mujeres con malformaciones uterinas, en las que es de alto riesgo transferir dos embriones. Allí se debe claramente transferir uno solo, más allá de las características enumeradas”, concluyó la especialista.

 

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