Crece la conciencia sobre los ACV pero también los factores de riesgo

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Cerca de 130.000 argentinos padecen accidentes cerebrovasculares (ACV). Lo que puede traducirse en un ACV cada cuatro minutos. Esta enfermedad puede generar la muerte de un tercio de los afectados y deja secuelas de algún tipo de discapacidad en 9 de cada 10 personas.

Durante la Cumbre del ACV, desarrollada en el anexo del Congreso de la Nación, se difundió un estudio presentado por la Fundación para el Estudio de las Neurociencias y la Radiología Intervencionista (Feneri) que reveló que entre 2011 y 2017 el porcentaje de personas que desconocen las causas de un ACV disminuyó casi un 8%, pasando del 20.4% al 12.9%.

Un dato llamativo de esta encuesta es que, si bien la mayoría de las personas reconoce el dolor de cabeza de presentación súbita e intensa como signo probable de ACV, un 40% desconocía qué hacer en estos casos.

Otra investigación reciente, realizada en la Universidad de Miami, señala que, si bien se están logrando avances en la reducción de la cantidad de muertes por los accidentes cerebrovasculares (ACV), las personas que experimentan estos ataques cerebrales tienen un incremento en los factores de riesgo significativos del ACV.

Hipertensión, diabetes, colesterol anómalo, tabaquismo y abuso de drogas están en permanente aumento en los pacientes de ACV en los últimos años.


¿Qué es?

Se define accidente o ataque cerebrovascular al daño provocado en un área del cerebro debido la interrupción del flujo de sangre y por lo tanto de oxígeno a una parte del mismo. Bastan unos pocos segundos para que el cerebro no reciba nutrientes y oxígeno, lo que ocasiona que las células cerebrales mueran y se genere un daño permanente si no actuamos con celeridad.

Existen dos mecanismos principales a través de los cuales se puede comprometer la vitalidad cerebral: el más frecuente es que una arteria se “tape” por una placa de colesterol a nivel local o bien por un coágulo que tiene su origen en el corazón constituyendo lo que se conoce como ACV isquémico.

El segundo mecanismo es la ruptura de la arteria que provoca que la sangre se “desparrame” por el cerebro, construyendo un ACV hemorrágico, conocido popularmente como “derrame cerebral”. Estas rupturas se pueden producir en zonas debilitadas de la pared de las arterias (aneurismas o malformaciones arteriovenosas) o por HTA, que provoca una pequeña ruptura en la pared de la arteria.

Pero, ¿sabemos cómo detectarlo a tiempo para evitar daños mayores? ¿Y prevenirlo?


Detectarlo a tiempo

Detectar un ACV a tiempo puede salvar vidas. Para esto, es necesario reconocerlo cuando se presenta.

Los principales síntomas  un ACV son: pérdida de memoria transitoria, desorientación, pérdida de fuerza en una extremidad o de la mitad del cuerpo, acompañada o no de pérdida de sensibilidad, ceguera de un ojo, visión doble o dificultades para articular la palabra.

La cefalea de inicio súbito y de una intensidad que nunca  antes se había tenido es un signo cardinal de ACV hemorrágico.

Para identificar si una persona sufre un ACV, pídale que:

  • Sonría: la sonrisa debe ser simétrica.
  • Alce los brazos juntos con los ojos cerrados. En caso de un ACV no podrá hacerlo.
  • Diga su nombre o una frase coherente. La dificultad de hablar o coordinar será clave.

Si una persona presenta estos síntomas, la visita a la guardia médica debe ser urgente. Es importante que concurra a un centro asistencial que posea unidad de terapia intensiva y tomografía computada o resonancia magnética a fin de poder instaurar un tratamiento más efectivo. Los minutos de demora en estos casos “cuestan cerebro”.

Debemos estar entrenados en reconocer los síntomas y no dudar en consultar urgente. Estos ataques aparecen de manera súbita, por lo que nos descolocan de la situación y la tendencia es negar lo que está pasando, por miedo, por desconocimiento o por dificultad en acceder a los servicios de salud.

En algunas ocasiones los síntomas pueden mejorar en el término de una hora. Esto no significa que no constituye gravedad, sino, por el contrario, es una forma de “aviso” que en un nuevo evento quizá de mayor gravedad pueda sobrevenir. La consulta urgente también aquí está indicada


¿Cómo prevenirlo?

La prevención es la misma que se aplica con cualquier enfermedad cardiovascular: buenos hábitos.

  • Realizar al menos 30 minutos de ejercicio físico moderado al día.
  • Cuidar las grasas y la sal de la dieta e incorporar al menos 5 porciones de frutas y verduras.
  • No tener sobrepeso.
  • Controlar los valores de presión arterial.
  • No fumar y propiciar los espacios libres de humo.

Recordemos: el ACV es la principal causa de discapacidad. Si bien hay adelantos en los tratamientos efectivos, si se aplican dentro de las primeras cuatro horas y media no generan la reversibilidad del cuadro en todos los casos y tampoco toda la población en nuestro país tiene acceso a los mismos.

Siempre la prevención de los factores de riesgo es la mejor medida para evitar la discapacidad que está enfermedad puede generar.

 

Dra. Gabriela Ferretti

MN: 81.108

Médica clínica, médica neuróloga, auditora médica y médica legista.

Vicepresidente de APERCA, Asociación de Peritos de la Salud de la Ciudad de Buenos Aires

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