Cada vez tiene mayor peso el factor femenino de esterilidad en las parejas que recurren a la fertilización asistida

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El próximo 25 de julio se cumplen 40 años del nacimiento de Louise Brown, apodada la primera “bebé de probeta” ya que su concepción fue posible gracias al primer tratamiento de fertilización asistida exitoso del mundo. Los mellizos Eliana y Pablo Delaporte, los primeros bebésobtenidos mediante fertilización asistida en la Argentina, nacieron en Tucumán el 7 de febrero de 1986. En estas cuatro décadas la medicina reproductiva avanzó significativamente, y de ese avance dan cuenta el desarrollo y perfeccionamiento de procedimientos de alta complejidad como la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), el diagnóstico genético preimplantarorio, el estudio ERA que permite determinar el momento ideal para transferir los embriones, la reducción de los embarazos múltiples y la posibilidad de criopreservar óvulos, espermatozoides y embriones.

Pero el mayor desafío que enfrentan hoy los expertos en medicina reproductiva es dar respuesta a la maternidad cada vez más tardía, que hace que la búsqueda de un embarazo ocurra a edades en que la fertilidad de la mujer ha comenzado a decaer o es casi nula, agudizando problemas reproductivos como la baja reserva ovárica que empeora con la edad. De este fenómeno da cuenta el Registro Argentino de Fertilización Asistida (RAFA), que muestra que de 2004 a 2014 los factores femeninos de esterilidad pasaron a representar del 33% al 49% de las causas que motivaron la necesidad de un tratamiento de fertilización asistida.

“Sin dudas la filosofía de vida de muchas mujeres ha ido cambiando en estos últimos años. Hoy la idea es tener un título, una carrera, un futuro profesional, o simplemente retrasar la maternidad hasta más adelante. Y eso hace que si antes las mujeres llegaban a la consulta antes de los 30 años, hoy es habitual que tengan 36, 37 o 38 años cuando consultan por primera vez. Pero el reloj biológico no las espera: la reserva ovárica disminuye a veces de manera dramática y las posibilidades de embarazo se reducen o a veces se convierten en casi imposibles.”, comentó el doctor Santiago Brugo Olmedo, especialista en Medicina Reproductiva y Director Médico de Seremas, que formó parte del equipo que realizó la primera fertilización in vitro de la Argentina.

“A partir de  los 36 años hay un marcado descenso de la fertilidad de la mujer, que se debe principalmente al hecho de que los óvulos se fabrican durante la vida intrauterina en los ovarios del feto femenino, y no se fabrican más a partir del nacimiento. Con el paso de los años, se va deteriorando la reserva ovárica y van quedando menos óvulos y de peor calidad. Esto significa una menor capacidad de formar embriones viables y nacimiento de niños sanos”, explicó Sabrina De Vincentiis, especialista en Embriología Clínica y Directora del Laboratorio de Embriología de Seremas.

Como respuesta a quienes proyectan ser madres a edades más avanzadas, hoy la medicina ofrece a la mujer la posibilidad de congelar (vitrificar) óvulos cuando su capacidad reproductiva es óptima, para que llegado el momento en que decida ser madre cuente con óvulos que le ofrezcan la mayor chance de lograr un embarazo. “La edad ideal para vitrificar óvulos es antes de los 35 años, cuando el problema de la pérdida de calidad de los óvulos no ha comenzado”, agregó De Vincentiis.

La parte del varón

Así como el peso del factor de esterilidad femenino creció en los últimos años entre las parejas que recurren a tratamientos de fertilización asistida de alta complejidad, el factor masculino bajó del 31% al 24%, según el análisis del período 2004-2014 del Registro Argentina de Fertilización Asistida (RAFA) que elabora la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMER). “Es muy notable cómo ha cambiado la aceptación por parte del varón de que puede residir en él la causa de esterilidad. Es decir, que puede tener problemas reproductivos por fallas en el semen y no ser necesariamente su mujer la que tenga dificultades en su organismo, como era el pensamiento obligado cuando comencé a trabajar en fertilización asistida”, destacó el Dr. Brugo Olmedo.

“Esto que parece tan obvio no lo era en absoluto a fines de los setenta y principios de los ochenta, cuando el hombre se negaba a concurrir a la consulta y estaba convencido de que el problema reproductivo era siempre de la mujer”, advirtió el especialista que escribió el libro También es asunto de hombres (Ed. Atlántida), “para mostrar que estaban equivocados. Pienso que el libro tal vez ayudó y también el tiempo que fue transcurriendo y terminó convenciendo a los varones de que los problemas reproductivos son muchas veces dependientes de fallas en el sistema reproductivo masculino. Sea como sea, ahora lo más común es que los dos miembros de la pareja vengan a la consulta por esterilidad”.

La mayoría de los problemas masculinos pueden diagnosticarse mediante el espermograma, que es el estudio del semen que permite conocer la cantidad, movilidad y morfología de los espermatozoides. “Los resultados del espermograma sumados a un minucioso examen físico y a la confección de un perfil clínico del varón, permiten reunir la información necesaria para completar el diagnóstico y diseñar la estrategia más efectiva para alcanzar la concepción”, explicó el Dr. Brugo Olmedo. Además, agregó el especialista, “hoy la microscopía electrónica nos permite estudiar al espermatozoide con mucho detalle, incluso por dentro, y diagnosticar distintas enfermedades. En la actualidad también contamos con modernos estudios del ADN del espermatozoide, que cuando presenta alteraciones es generador de pérdidas de embarazos tempranas”.

De Louise Brown a los mellizos Delaporte

Louise Joy Brown nació trece minutos antes de la medianoche del 25 de julio de 1978, en el hospital de Oldham, al norte de Inglaterra. Pesó 2,607 kilos y nació en perfecto estado de salud luego de una operación cesárea, convirtiéndose en lo que los medios dieron en llamar la primera “bebé de probeta”. Su nacimiento fue posible gracias al método de fertilización asistida desarrollado por los doctores Patrick Steptoe y Robert Edwards, que consistía en extraer un óvulo de la mujer, fertilizarlo en el laboratorio con el esperma del hombre y, una vez formado el embrión, introducirlo en el útero materno. En 2010, Robert Edwards fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina por sus logros en el campo de la medicina reproductiva.

En la Argentina, los primeros “bebés de probeta” fueron Eliana y Pablo Delaporte, que llevan los mismos nombres de sus padres, Eliana Beatriz y Pablo Andrés Delaporte, quienes se casaron en Tucumán con sólo 22 años en 1977. Desde entonces buscaron sin éxito un embarazo, que recién llegaría en 1985 gracias al primer tratamiento de fertilización asistida realizado en el país. El parto por cesárea se realizó el 7 de febrero de 1986. “La primera paciente llevaba muchos años intentando concebir un bebé y quedó embarazada en el primer intento. Fue muy emocionante la experiencia. Estábamos en el laboratorio viendo embriones humanos, no lo podíamos creer”, recordó Brugo Olmedo. “Conseguimos siete embriones y los transferimos todos. Hoy esto sería una locura, ya que sólo se transfieren uno o dos por paciente, excepcionalmente tres”, agregó.

Desde que en 1985 se logró el primer embarazo mediante fertilización asistida de la Argentina se redujo significativamente el riesgo de embarazo múltiple, los que hoy representan menos del 15% de los casos. Esto se debe a que lejos de transferir cuatro o cinco embriones, como era común en los años 80 y 90, hoy se transfieren sólo uno o dos, excepcionalmente tres, pero con una tasa de éxito que duplica la de los tratamientos iniciales. “En los primeros tratamientos de fertilización asistida, el potencial de cada embrión para implantarse y establecer un embarazo era muy bajo, lo que obligaba a transferir múltiples embriones para tratar de incrementar la posibilidad de éxito, dando la posibilidad de que se produjeran embarazos múltiples inesperados”, explicó De Vincentiis. Hoy es posible obtener tasas de embarazo altas –de entre el 40 y el 45%– a partir de un número menor de embriones transferidos, reduciendo así el riesgo de embarazo múltiple.

Ovodonación

Para las mujeres que no disponen de óvulos propios viables pero desean gestar un hijo en su vientre, la medicina reproductiva ofrece en la actualidad la posibilidad de recurrir a la donación de óvulos u ovodonación. Contar con óvulos donados –en forma voluntaria y anónima por mujeres cuyo estado de salud y fertilidad han sido evaluados minuciosamente– no sólo ofrece la posibilidad de lograr un embarazo, sino que también disminuye los riesgos de afecciones genéticas en la descendencia que se relacionan con una avanzada edad materna o con la existencia de anomalías genéticas preexistentes.

“En la actualidad, la ovodonación se indica en muchas situaciones: mujeres que ya han alcanzado la menopausia o que padecen menopausia prematura; mujeres cuyos ovarios han sido removidos quirúrgicamente o que sufren anormalidades cromosómicas que se transmiten de manera sistemática y ponen en riesgo a la descendencia; e incluso mujeres que no responden a una estimulación de la ovulación o que han atravesado reiterados intentos fallidos de fertilización asistida”, explicó el doctor Brugo Olmedo. La donación de óvulos (ovocitos) puede incluso combinarse con la de espermatozoides en aquellos casos en que hay también problemas severos de fertilidad masculinos.

“Hicimos seis tratamientos de fertilización asistida sin éxito hasta que decidimos recurrir a la ovodonación”, contó Úrsula Schulze, que tras 6 años de búsqueda infructuosa cumplió su sueño de ser madre gracias a la donación de óvulos. “Me habían ofrecido esa posibilidad antes, pero me había negado rotundamente –recordó Úrsula–. Tuve que aceptar que mis óvulos realmente no podían hacer un bebé. En medio de los trámites que estábamos realizando con mi marido para tratar de adoptar un bebé, lo que se nos estaba haciendo muy difícil, entendimos que la ovodonación era también una forma de adopción, y hoy estamos muy agradecidos de la generosidad de quien donó sus óvulos”. Su hija se llama María del Milagro y tiene 7 años.

 

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