Cada vez más mujeres buscan ser madres cuando su capacidad reproductiva ha comenzado a caer

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El avance de la mujer en el mercado laboral se ha traducido en un retraso de la maternidad, ya que cada vez son más las que destinan los primeros años de la edad adulta al estudio y al desarrollo profesional. Esa demora se ve reforzada a su vez porque las parejas tienden a formalizar su relación a edades cada vez más avanzadas. El resultado es que muchas mujeres comienzan a buscar ser madres cuando su fertilidad ha comenzado a declinar. Afortunadamente, hoy la medicina ofrece a la mujer la posibilidad de congelar (vitrificar) óvulos cuando su capacidad reproductiva es óptima, para que llegado el momento en que decida ser madre cuente con óvulos que le ofrezcan la mayor chance de lograr un embarazo.

“La consulta por problemas de fertilidad ha cambiado mucho en los últimos años. Si hace un par de décadas atrás las mujeres llegaban a la consulta antes de los 30 años, hoy es habitual que la mujer tenga 36, 37 o 38 años cuando consulta por primera vez”, comentó el doctor Santiago Brugo Olmedo, especialista en Medicina Reproductiva y Director Médico de Seremas, que advirtió que a partir de los 36 años comienzan a bajar las posibilidades de lograr un embarazo, ya que no sólo se reduce el número de óvulos que se puede obtener en cada ciclo de la mujer, sino también su calidad. “La vitrificación de óvulos es un procedimiento altamente efectivo para que las mujeres menores de 35 años puedan preservar su capacidad reproductiva hasta que decidan buscar ser madres”, agregó.

“A partir de  los 36 años hay un marcado descenso de la fertilidad de la mujer, que se debe principalmente al hecho de que los óvulos se fabrican durante la vida intrauterina en los ovarios del feto femenino, y no se fabrican más a partir del nacimiento. Con el paso de los años, se va deteriorando la reserva ovárica y van quedando menos óvulos y de peor calidad –explicó la licenciada Sabrina De Vincentiis, especialista en Embriología Clínica y Directora del Laboratorio de Embriología del centro de medicina reproductiva Seremas–. Un tema muy importante es que con el paso del tiempo los ovarios van disminuyendo su reserva de óvulos, y éstos a su vez van perdiendo calidad. Esto significa una menor capacidad de formar embriones viables y nacimiento de niños sanos”.

La vitrificación es un procedimiento de congelación ultrarrápida que permite preservar los óvulos en nitrógeno líquido a menos 196°. Para obtener los óvulos a vitrificar es necesario que los ovarios de la mujer sean estimulados para que produzcan un número mayor al habitual en cada ciclo. Esto implica un procedimiento ambulatorio durante el cual la mujer permanece anestesiada (narcolepsia), y que requiere un mínimo reposo, pues al día siguiente la paciente ya puede retomar sus actividades cotidianas. Una vez vitrificados, los óvulos pueden permanecer en ese estado hasta que la mujer decida desvitrificarlos para llevar adelante un tratamiento de fertilización asistida.

“Al momento de utilizarlos no hace falta desvitrificarlos todos, ya que se guardan de a pares. Generalmente se desvitrifica un par y se lo fertiliza mediante un ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides), y luego los embriones resultantes se transfieren al útero de la mujer”, explicó el doctor Brugo Olmedo, que señaló que la enorme mayoría de los óvulos vitrificados son viables luego de la desvitrificación. “Sólo un porcentaje pequeño, menor al 5%, no desvitrifica bien por cuestiones propias del óvulo, que al día de hoy no pueden ser previstas al momento de vitrificar”, agregó la licenciada De Vincentiis.

Edades cada vez más avanzadas

La tendencia a demorar la búsqueda de un primer hijo más allá de edades de fertilidad óptima –y la consecuente consulta tardía por dificultades para concebir– es un fenómeno que queda expuesto en los datos elaborados por la Dirección General de Estadísticas y Censos porteña, que revelan que la edad promedio en que la mujer tiene su primer hijo no para de subir desde 2003. Hoy se ubica en los 28,8 años, y algo similar ocurre con la edad promedio en que las parejas contraen matrimonio: 33,2 años, cuando un par de décadas atrás se ubicaba en los 28 años.

Analizado según franjas etarias, el informe muestra un claro corrimiento en la edad de las mujeres al momento del nacimiento de sus hijos: el grupo 25-29 años registraba hasta el 2000 el mayor número de partos, pero a partir de 2005 éste se ubica en el grupo 30-34 años, concentrando el 27,5% de todos los nacimientos. A mismo tiempo, se incrementó la cantidad de partos en mujeres de 35-39 años, que pasó del 12,6% en 1990 al 21,7% en 2015. Incluso aumentó el número de mujeres que dieron a luz después de los 40 años, que pasó de 2,9% a 6,6% en el citado período.

“La suma de estos factores hace que sea cada vez más común que la mujer tenga más de 35 años cuando decide tener hijos”, afirmó el doctor Brugo Olmedo. “Es importante que la mujer tome conciencia de que su capacidad reproductiva declina a partir de esa edad y que cuenta en la actualidad con herramientas para vitrificar y conservar en frío los óvulos que tiene en la década de los 20 o en los tempranos 30 años, que son maravillosamente fértiles, y así esa mujer se olvida del reloj biológico”, agregó el especialista, que sostiene que la posibilidad de posponer la maternidad a través de la vitrificación representa un cambio tan profundo como lo fue en su momento la aparición de la píldora anticonceptiva.

“La edad ideal para vitrificar óvulos es antes de los 35 años, cuando todavía el problema de la pérdida de calidad de los óvulos no comenzó. Además, la respuesta ovárica a la estimulación para obtener los óvulos va a ser mayor cuánto más joven sea la paciente”, concluyó la licenciada De Vincentiis.

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